Baricco dijo mar y a mí se me ahogaron los ojos

 

9788433967497

Océano mar, Alessandro Baricco

Anagrama, 2007

Uno debería hacer una reseña de un modo objetivo, contando cuál es el argumento, qué cosas estuvieron bien, fueron buenas y nos tocaron; y cuáles fueron malas y pasaron de largo. Pero no creo que uno pueda leer un libro de una manera objetiva, siempre hay algo tuyo en la lectura, ahí, sumándose a ella. Por eso mi visión de este libro (y de todos los libros) es mía y solo mía.

Cualquiera que conozca a este autor sabe que es un genio. Ya nos lo demostró en su conocida Seda, novela bellísima y conocida por todos, pero es que Océano mar es un libro enorme, extremadamente poético. Empecé a leerlo en un viaje en tren, y el ruido de las vías se me antojaba el mismo que el del mar golpeando las rocas. Empecé este libro en un tren mientras, sin saberlo, dejaba de ser Elisewin.

Podría empezar diciendo esto, pero lo cierto es que se quedaría corto. Océano mar es EL LIBRO.

Un puñado de personajes que están muy solos, perdidos en sus propios laberintos y que no tienen muy claro quiénes son o qué esperan o cómo diantres se hace eso de sobrevivir, van a dar a un mismo punto: la posada Almayer. Este sitio, presentado casi de un modo onírico y extravagante, es desde donde empieza a girar la vida de todos: el pintor que no pinta, el hombre que espera a la mujer que aún no conoce, la joven Elisewin a la que le asusta vivir pero que no ansía sino vivir…

 

Creían que al crecer se le pasaría todo. Pero entretanto, todo el edificio se cubría de alfombras porque, como es obvio, sus mismos pasos la asustaban, alfombras blancas por todas partes, un color que no hiciera daño, pasos sin ruido y colores ciegos. En el parque, los senderos eran circulares con la única excepción osada de un par de veredas que serpenteaban ensortijando suaves curvas regulares–salmos– y eso es más razonable, en efecto; basta un poco de sensibilidad para comprender que cualquier esquina sin visibilidad en una emboscada posible, y dos caminos que se cruzan, una violencia geométrica y perfecta, suficiente para asustar a cualquiera que esté seriamente en posesión de una auténtica sensibilidad, y mucho más a ella, que no es que tuviera exactamente un alma sensible, sino, por decirlo en términos precisos, que estaba poseída por una sensibilidad de ánimo incontrolable, que explotó para siempre en quién sabe qué momento de su vida secreta – vida de nada, tan pequeña como era – y después se le subió al corazón por vías invisibles, y a los ojos, y a las manos, y a todo, como una enfermedad, aunque una enfermedad no fuera, sino algo menos, si tiene un nombre debe ser ligerísimo, lo dices y ya ha desaparecido.

 

Pero si la posada Almayer es el punto de partida, es ese “yo interior” que te sacude, no menos importante es el papel que juega en la narración el elemento del “mar”, ese fiero bálsamo de fondo donde las palabras vienen y van como en una marea y el pintor que no pinta, busca encontrarle los ojos al mar, y la joven que tiene miedo a vivir, termina finalmente ligada al mar y a los naufragios.

A lo largo de toda la novela, y haciendo uso de un lirismo brutal, Baricco nos va a ir contando la vida de cada uno de estos personajes y cómo poco a poco van a ir encontrándose a sí mismos, haciéndonos un retrato fascinante del amor, la búsqueda de la identidad, la soledad y la espera.

Baricco trata de pronunciar la palabra mar, y al final se nos terminan ahogando los ojos en lágrimas por tanta belleza y pareciera que ese ruido de olas nos fuera a perseguir toda la vida.

 

Rocío.

Por qué escribir sobre libros

Por qué. Por qué si ya hay otros que lo hacen mejor, por qué si la cubierta del libro ya dice todo lo que no podríamos decir nosotros.

Porque no sé escribir bien de las cosas que amo y eso, estoy segura, es bello. Hay una cierta belleza en lo que no se dice o en lo que no se sabe decir bien. Y yo no sé nombrar bien las cosas de las que estoy enamorada, soy una pésima confesora, una pésima contadora de historias, una pésima descriptora. Pero soy muy buena leyendo, eso sí.

Así que voy a intentar escribir desde un punto de vista diferente -feo, sencillo, ingenuo, asombrado como un niño- de todos los libros que me apasionan y que me hacen creer que sí se puede escribir.

R.